Mujeres y el cambio climático

 


Un nuevo estudio de algunas agencias de las Naciones Unidas dice que la violencia de género y la desigualdad estructural limitan la capacidad de las comunidades para adaptarse a los efectos del cambio climático y lograr una paz y seguridad sostenibles.

Actualmente, el cambio climático afecta a todos los rincones de la tierra. En algunas zonas, las sequías severas y el aumento de las temperaturas han provocado hambre y la pérdida de familias y medios de vida. Millones de personas corren un grave riesgo, especialmente mujeres y niñas, que tradicionalmente han sido proveedoras de alimentos, agua y energía, pero tienen pocos recursos para adaptarse a las condiciones cambiantes.

Un informe señaló que la crisis climática requiere medidas de respuesta para abordar el vínculo entre género y clima y seguridad. Esto revela que aquellos países que han logrado mayores avances en la eliminación de la desigualdad de género también se muestran signos de acción climática positiva.

Debido a los diferentes tipos de marginación, las mujeres y las niñas enfrentan cargas económicas desproporcionadas; cuando fallan los medios de vida tradicionales, las expectativas de género harán que hombres y mujeres recurran a la violencia; los cambios en los patrones de inmigración pueden conducir a cambios socioeconómicos importantes.

Por ejemplo, en Chad la violencia diaria contra mujeres y niñas crea presión económica y socava la capacidad de las comunidades para adaptarse a los cambios ambientales. La inseguridad económica también facilita que las adolescentes se casen temprano, mientras que los hombres jóvenes tienen más probabilidades de ser reclutados por grupos armados. Este problema también provoca la migración.

Otro ejemplo es Egipto, donde el rápido crecimiento de la población y el suministro limitado de agua dulce hacen que el país sea vulnerable al cambio climático. Los cambios en la cantidad de agua disponible pueden tener graves repercusiones en la seguridad alimentaria y energética, así como en la salud y la educación. La investigación garantiza que los riesgos son muy graves para las mujeres que se encuentran ampliamente marginadas en los campos económico, político y social.

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